2. FROZEN CROWN GALA
Este capítulo será publicado el 31 de Mayo de 2026.
La luz del sol empezó a entrar por la ventana, caliente, lenta, sin prisa. Kip fue el primero en sentirla. Parpadeó un par de veces, todavía medio dormido, y giró el rostro para escapar de la claridad. Se quedó así unos segundos, sin moverse, dejando que el cuerpo despertara poco a poco. Respiró hondo. Intentó levantarse. No pudo.
—No…
La voz salió baja, todavía cargada de sueño. La mano le sujetó el brazo con suavidad, apenas lo suficiente para detenerlo.
—Quédate.
Kip dejó escapar una pequeña sonrisa.
—Tenemos muchas cosas que hacer hoy…
No hubo respuesta inmediata. Solo un movimiento más cerca, la frente apoyándose contra su pecho.
—Ya sé… —murmuró—. Pero un rato más, por favor.
El silencio volvió. No fue incómodo. Todo lo contrario. Kip dudó un segundo… y se dejó caer otra vez sobre la almohada. La mano subió hasta su cabello, desarreglando sin orden, aún casi dormido. El tiempo pasó sin que ninguno dijera nada. Hasta que, de repente, un soplo leve recorrió su cuello. Kip se tensó.
—No…
Otra vez.
—Oye…
Y esta vez la risa se le escapó sola.
—Ya basta.
Una pequeña pausa.
—No estoy haciendo nada.
—Sí, lo estás.
Se giró apenas, haciéndose a un lado.
—Sabes que eso no se vale, es mi punto débil.
Un segundo más… y luego:
—Está bien, ya.
Kip negó con la cabeza, todavía sonriendo. Se inclinó lo justo para dejarle un beso corto en la frente.
—Ahora sí. Arriba.
Se levantó. Esta vez Scott no lo pudo detener.
La cocina estaba en silencio. Kip se movía despacio. Abrió el refrigerador, sacó lo necesario y empezó a preparar el batido sin apuro. El sonido de la licuadora llenó el espacio por unos segundos. Cuando terminó, ya no estaba solo. Apoyado sobre el marco de la puerta, todavía despeinado, alguien lo observaba.
—¿Cada mañana eres así?
Kip lo miró tiernamente.
—¿Así cómo?
—Productivo.
—Sí.
Se acercó sin prisa, apoyándose en la barra de la cocina. El silencio se instaló otra vez.
—Estuve viendo algo anoche… —dijo Kip, casi como un comentario al aire.
—¿Qué cosa?
—Un partido. Pretemporada. Un sorbo al batido.
—La gente ya está exagerando.
—¿Desde cuándo no exageran?
Kip soltó una pequeña risa.
—Tienes razón.
—Pero es curioso… un par de jugadas malas y ya quieren cambiar a medio equipo.
—Como si supieran más que los entrenadores.
—Desde el sofá… todos saben más.
Silencio breve.
—También vi comentarios tuyos.
Eso hizo que levantara la mirada.
—¿Ah, sí?
—Sí.
Nada acusador. Solo observación.
—Siguen hablando del discurso.
El vaso quedó un segundo suspendido en el aire antes de bajar.
—Eso ya pasó hace varios meses. Me imagino que lo seguirán recordando todo el año.
—No todo es negativo.
Un leve encogimiento de hombros.
—Nunca lo es… Recuerda que detrás de mí hay muchos otros que siguen sin poder hablar, por miedo. Así como yo lo tuve antes de agarrar valor.
Kip lo miró unos segundos, sin presionar.
Luego, más ligero:
—También tienes más fans ahora.
Una media sonrisa.
—Qué honor.
—Dicen que ahora eres más interesante… y eso me pone un poco celoso. Pero luego recuerdo que eres solo para mí.
Una risa corta.
—Perfecto. Nunca te cambiaría por nadie, Kip. Eres lo más importante de mi vida.
El momento se calmó otra vez.
—¿Vas a ir hoy?
La pregunta quedó en el aire. Luego respondió:
—No quiero.
Directo.
Sin vueltas.
—¿Por qué?
Puso el vaso sobre la barra.
—Porque es lo mismo de siempre… gente actuando como si todos se agradaran. En esta industria hay mucha rivalidad.
—Cuando no lo es.
—Es parte del juego.
—Sí… pero no deja de ser falso.
—También es donde todos están mirando.
Fingiendo. Platicando sobre temas aburridos. Ahí no hubo respuesta. No hacía falta.
—Y sobre todo después de mi discurso… —murmuró— todos van a estar pendientes, haciendo preguntas tontas.
—Que miren. Que pregunten —dijo Kip.
La respuesta fue simple. Sin carga. Sin miedo.
—No es solo eso.
Un paso más cerca.
—Entonces, ¿qué es?
La mirada se sostuvo unos segundos.
—Nada que no pueda manejar.
No insistió. Solo se quedó ahí. Cerca.
—Además… —añadió después— no es tan terrible.
—Ah, ¿no?
—No… si estás conmigo.
Eso fue suficiente.
Una pequeña sonrisa.
—Entonces vamos.
—¿Así de fácil?
—Así de simple.
Un segundo de silencio.
—Estamos juntos. Eso debería bastar.
La frase se quedó ahí, asentándose.
—Pero antes hazme un favor.
—¿Cuál?
Un paso más cerca. Puso sus manos en la cintura de Kip.
—No me despiertes.
—¿Qué?
Una sonrisa leve.
—Si esto es un sueño… no quiero despertar. Te amo tanto.
Una risa corta.
—Entonces compórtate.
—¿Eso es una amenaza?
Lo dijo riendo.
—Es solo una advertencia.
Otra risa. Más suelta.
—Sabes que no lo voy a arruinar.
Se quedaron ahí un segundo más.
Sin prisa. Luego, el beso fue natural. Como si fuera lo más normal del mundo.
Apenas unas horas más tarde…
La Frozen Crown Gala no era un evento abierto. No cualquiera entraba ahí. Cada invitación tenía peso: rendimiento, contratos, patrocinadores, impacto. Era una forma elegante de decir quién estaba arriba… y quién todavía no.
Afuera, la alfombra ya estaba en movimiento. Luces. Cámaras. Voces cruzadas.
Eran las 7:25 de la noche. Un auto se detuvo frente a la entrada. La puerta se abrió. Shane salió. El traje le quedaba perfecto. Negro, hecho a medida, limpio en cada línea. Nada llamativo a simple vista, pero imposible de ignorar cuando la luz lo tocaba. Se acomodó la chaqueta. Levantó la mirada. Las cámaras reaccionaron de inmediato.
—¡Shane, por aquí!
—¡Una foto!
—¡Míranos!
Sonrió.
Seguro.
Automático.
Minutos después, desde otra dirección, otro vehículo se detuvo.
Ilya. Bajó sin prisa. Traje negro, clásico. Sin intención de destacar.
Para él, era solo lo necesario. Nada más.
—¡Ilya! ¡Una pregunta!
Se detuvo lo justo.
—¿Por qué Ottawa?
—Porque quise.
—¿Fue difícil dejar Boston?
—No.
—¿Te prometieron algo más allá?
Una leve pausa.
—No.
—¿Te ves como capitán ahí?
—Me veo jugando.
Y siguió caminando.
Más adelante, Shane ya estaba frente a otro grupo de reporteros.
—¿Cómo te sientes para esta temporada?
—Listo.
—¿Expectativas?
—Ganar.
Rápido. Claro.
Hasta que—
—Con Ilya ahora en Ottawa… ¿eso cambia algo?
—No.
—¿La rivalidad sigue igual?
—Sí.
Una pausa.
—¿O ahora es… diferente?
A Shane se le tensó un poco la expresión.
—¿Diferente cómo?
El reportero mantuvo la sonrisa.
—Han mantenido una dinámica interesante. La gente se pregunta si eso cambia ahora.
Y ahí fue donde todo se movió por dentro.
Mierda…
La idea llegó de manera automática.
¿Ya saben?
Por un instante, las luces se sintieron más fuertes. Las cámaras, más cerca. Como si todos estuvieran mirando algo más que hockey. Se obligó a mantener la expresión.
—No cambia nada.
La respuesta salió firme. Pero no tan limpia como antes.
Un poco más atrás, otra llegada. Scott y Kip. Juntos. Sin esconderse. Sin exagerar.
—¡Scott! ¡Por aquí!
Se detuvieron.
—Después de este año… ¿Sientes que algo cambió dentro de tu equipo?
—Sí.
—¿En qué sentido?
—El juego no cambia.
Una pequeña pausa.
—La forma en que te miran, sí.
—¿Te sientes distinto en el hielo ahora?
—No.
—¿Ni con toda la atención encima?
—No juego para eso.
Corto. Claro.
La mirada pasó a Kip.
—¿Y tú? ¿Crees que fue casualidad… o destino… encontrar a alguien como Hunter?
Kip pensó un segundo. Miró de reojo, apenas. Volvió.
—No sé realmente.
Encogió un poco los hombros.
—Pero importa cómo pasó. Solo pasó.
Una pequeña sonrisa.
—Y es lo único que importa.
Las puertas se abrieron. Y el ruido quedó atrás. Adentro, todo estaba medido. Luces cálidas. Cristalería impecable. Mesas distribuidas con precisión. Música suave, lo justo para llenar el espacio sin interrumpir. Conversaciones por todos lados. Risas contenidas. Miradas que duraban un poco más de lo necesario. Los jugadores empezaban a mezclarse.
Charlie Jones, de los Seattle Wolves, saludaba con confianza a un grupo de patrocinadores. John Smith, de Miami Storm, discutía jugadas con otro jugador mientras sostenía una copa. Ethan Cole, de Ottawa, reía fuerte con dos compañeros. El ambiente se llenaba rápido. Shane estaba con un grupo. Ilya, en otro punto. Manteniendo una distancia normal. Casi imperceptible para la mayoría.
Shane sacó el teléfono. Hizo un gesto rápido. Muy discreto. Escribió algo. Y lo envió. Guardó el celular. No miró alrededor. Pero su postura cambió apenas. Al otro lado del salón, Ilya sintió la vibración. Bajó la mirada. Lo leyó. Pero no sonrió. No reaccionó. Solo guardó el celular. Y levantó la vista.
Scott lo vio. Miró todo. Primero el gesto. Luego la respuesta. Luego la mirada. No era obvio. Pero tampoco era casualidad. Se quedó observando. Un poco más de lo normal. Luego otro detalle. Pequeño. Shane, sin darse cuenta, volvió a buscar con la mirada a Ilya.
Demasiada sincronía. Demasiado cuidado. Demasiada… conciencia.
Scott inclinó apenas la cabeza, acercándose lo suficiente.
—Te lo dije.
—¿Qué cosa? —murmuró Kip.
No apartó la vista.
—Que algo no cuadra.
Los volvió a mirar. Esta vez con intención.
—Y no es nuevo.
Kip siguió la dirección de su mirada.
—¿Crees que…?
Scott no respondió de inmediato. Solo dejó escapar una leve exhalación.
—Tengo una corazonada.
Un segundo.
—Y no creo estar equivocado.
El sonido de una copa siendo golpeada suavemente detuvo las conversaciones. Poco a poco, las voces bajaron. Un hombre al frente, elegante, seguro, tomó el micrófono.
—Buenas noches a todos.
Una pausa breve.
—Es un honor ver este lugar lleno una vez más. Jugadores, equipos, patrocinadores… y todos los que forman parte de este deporte.
Algunas cabezas subieron la vista.
—La Frozen Crown Gala no es solo una celebración. Es un recordatorio de lo que representa este juego… dentro y fuera del hielo. Miró alrededor.
—La nueva temporada está por comenzar. Nuevos equipos, nuevos movimientos… nuevas historias.
Una leve sonrisa.
—Y si algo hemos aprendido, es que este deporte nunca se queda igual.
Levantó la copa.
—Disfruten la noche… porque lo que viene será mejor.
—Salud.
Todos brindaron, sosteniendo una sonrisa falsa, poco creíble. El eco fue suave. Luego, el murmullo volvió. Las conversaciones regresaron como si alguien hubiera soltado una cuerda tensa. Copas alzándose. Risas. Pasos que se movían sin dirección fija.
—Te lo digo en serio —dijo Marco Silva, defensa de los Lisbon Titans, apoyado en la barra—. Ese contrato está inflado.
—No estás pagando por el hielo —respondió Derek Vaughn, delantero de los New York Arrows—. Estás pagando por la imagen.
—Eso no vende tanto.
—Tiene cinco millones de seguidores.
Marco soltó una risa corta.
—Entonces que juegue en Instagram.
—Bienvenido al negocio.
Un tercer jugador se acercó, levantando su copa. Liam O’Connor, de los Dublin Wolves.
—¿A quién están destruyendo ahora?
—A cualquiera que cobre más que nosotros.
Liam sonrió.
—Entonces esta noche tienen mucho trabajo.
Los tres rieron.
—Oye —añadió Derek, bajando la voz—… ¿viste quién llegó con quién?
Marco levantó una ceja.
—Siempre hay algo.
—Sí… pero hoy se siente distinto.
Un segundo.
—Más extraño que los años anteriores.
La música siguió. Las conversaciones también. Pero en medio de todo… había otras cosas moviéndose.
Kip fue el primero en acercarse.
—Hola.
Shane giró, ligeramente tomado por sorpresa.
—Hey.
—Soy Kip.
Un gesto leve.
—Estoy con Scott.
—Sí, lo vi.
Una pausa breve.
—¿Qué se siente? —preguntó Kip.
—¿Qué cosa?
—Todo esto.
Un pequeño gesto alrededor.
—La atención… la fama.
Shane soltó una leve risa.
—Te acostumbras.
—¿Y te gusta?
Un segundo.
—Tiene partes buenas.
Kip asintió.
—Me imagino.
Scott apareció a su lado sin hacer ruido.
—Interesante noche.
Shane lo miró.
—Sí.
Luego—
—Tú y Rozanov… —dijo Scott—. Se están volviendo más cercanos, ¿no?
Shane reaccionó de inmediato.
—¿Qué?
Demasiado rápido.
—¿Por qué lo dices?
por dentro—
Mierda.
Ya saben.
Scott no cambió la expresión.
—Digo… Ahora está en Ottawa.
Se encogió levemente de hombros.
—Más cerca.
Una pausa suave.
—A unas dos horas de distancia, si no estoy equivocado.
Ahí. Ahí fue donde todo encajó.
Las miradas.
El mensaje.
La distancia medida.
Y ahora eso. Para Scott, ya no era duda.
Era confirmación.
Shane sostuvo la mirada.
—No sé de qué hablas.
Controlado.
—Ni siquiera tengo tiempo para eso.
Una pausa.
—Pero ahora que lo dices…
Se encogió levemente de hombros.
—Tal vez debería ir a preguntarle a Rozanov.
Una media sonrisa.
—A ver si deja de ser un idiota conmigo.
Scott no respondió.
No hacía falta.
—Disculpen —añadió Shane—. Voy por una bebida.
Y se fue.
La barra estaba más tranquila. Más oscura. Más íntima.
—Un whisky.
—¿Crown Royal o Forty Creek?
—El que sea —dijo.
Solo necesitaba algo fuerte que le bajara los nervios. De repente, Shane giró con su vaso en la mano. Un chico. Joven. Seguro. Sin esfuerzo.
—Sí.
El chico dio un paso… y chocó ligeramente con él.
—Perdón.
—No pasa nada.
Shane lo miró con curiosidad.
—¿Trabajas aquí? —preguntó el joven.
Shane se incomodó.
—¿Qué?
—Lo siento, pensé que eras parte del staff.
Shane lo recorrió de arriba a abajo. Rápido. Había algo en él… que no encajaba.
—No.
Seco. El chico se encogió de hombros.
—Bueno.
Como si no importara. Se giró. Shane no se movió.
¿Quién es este tipo?
Y entonces—
…era atractivo.
Pero no fue eso lo que le molestó. Fue la indiferencia. Que no lo reconociera.
—Oye.
El chico se detuvo.
—¿Sí?
—¿De verdad no sabes quién soy?
Una leve sonrisa.
—No.
Directo.
—¿Debería?
Eso fue suficiente.
—Olvídalo.
—Perfecto.
Y se fue. Sin mirar atrás. Shane se quedó ahí. Con el vaso en la mano. Molesto. Intrigado. Y, sin querer admitirlo…
En otra parte del salón, Scott ya se movía.
Ilya estaba solo.
—La última vez no hablamos mucho.
—No.
—Te presento.
Un gesto leve.
—Kip.
Ilya asintió.
—Mucho gusto.
Corto. Formal.
Y luego—
—Entonces… —dijo Scott—. Ahora vas a estar más cerca de Hollander.
Directo.
Ilya lo miró.
—¿De qué hablas?
—Nada en específico —se encogió de hombros—.
—Solo que no escuché una razón fuerte para mudarte a jugar con Ottawa.
Suavemente habló.
—Así que asumí… que querías estar más cerca de tu rival.
Silencio pesado.
Ilya no respondió. No negó. No confirmó. Solo sostuvo la mirada. Scott tampoco habló. Pero ya sabía.
A lo lejos… Shane volvió a mirar. Ilya no lo buscó. Y en medio de toda la gala… entre risas, copas y conversaciones… lo que realmente importaba, no se estaba diciendo en voz alta.