22. DESPUES DE TODO
El lobby del hotel estaba casi vacío. Luz tenue. Aire frío. Un silencio elegante que contrastaba con el ruido de afuera. Caminaron uno al lado del otro, sin tocarse. Pero conscientes. Demasiado conscientes.
El elevador llegó rápido. Las puertas se abrieron con un ding suave. Entraron. Shane presionó el botón del piso sin decir nada. Las puertas se cerraron. Y ahí… otra vez ese silencio. Pero ahora más corto. Más denso. Ilya apoyó la espalda contra el espejo, cruzando los brazos. Miró a Shane de reojo. Shane mantenía la vista al frente. Mandíbula tensa. Respiración controlada. Como si estuviera conteniendo algo… o esperando el momento exacto. El elevador subía lento. Demasiado lento. Ding. El piso.
Las puertas se abrieron. Salieron. El pasillo estaba vacío. Alfombra gruesa. Pasos apagados. Shane caminó primero, sacando la tarjeta del bolsillo. Se detuvo frente a la puerta. La pasó por el sensor. Luz verde. Un pequeño clic. Giró la manija. Y abrió. Se hizo a un lado, sin decir nada.
Shane dejó caer lo que llevaba sobre una silla. Cuando volvió a girarse, Ilya ya estaba frente a él. No dijeron nada. No hacía falta. Shane lo besó. Ilya respondió inmediatamente. Una mano en su cintura. La otra subiendo hasta su rostro.
Shane lo agarró de la camiseta y volvió a besarlo, esta vez con más fuerza. Ilya lo acercó. Por un momento, todo lo demás desapareció. Hasta que Ilya se detuvo. No bruscamente. Simplemente dejó de besarlo. Shane abrió los ojos.
—¿Qué pasa?
Ilya seguía sosteniéndolo.
Pero algo había cambiado en su expresión.
—Necesito decirte algo.
Shane permaneció quieto.
—¿Ahora?
—Ahora.
Eso bastó para borrar la sonrisa de Shane.
Ilya soltó lentamente su cintura.
—Antes de que nosotros…
No terminó.
Bajó la mirada.
—Necesito saber que, después de escucharlo, todavía quieres estar aquí conmigo.
Shane lo observó unos segundos.
—¿Hiciste algo?
Ilya levantó los ojos.
—Sí.
El rostro de Shane cambió.
Ilya negó inmediatamente.
—No de esa manera.
—Entonces dime.
Ilya respiró hondo.
—Te dije que no pasó nada con João. Y es verdad. No lo besé. No tuve sexo con él. No pasó nada así.
Pausa.
—Pero eso no significa que yo haya hecho todo bien.
Shane no respondió.
Ilya continuó.
—Estaba dolido. Estaba furioso contigo. Y una parte de mí quería que tú también sintieras algo de eso.
Las palabras parecieron costarle más conforme avanzaba.
—Sabía que João sentía algo por mí. Bueno, no estaba seguro.
Shane bajó ligeramente la mirada.
—¿Desde cuándo?
—No sé exactamente.
Ilya negó.
—Pero antes de aquella noche ya lo sospechaba.
Silencio.
—Y no hice nada para detenerlo.
Shane volvió a mirarlo.
Ilya sostuvo su mirada esta vez.
—Al contrario. Dejé que se acercara. Y yo también me acerqué más de lo que debía.
Shane tragó saliva.
No dijo nada.
—Me cae bien —continuó Ilya—. Tenemos buena comunicación. Simplemente nos llevamos bien.
Pausa.
—Llegué a poner mi vista en él más de lo que debí.
Shane apartó los ojos.
Eso dolió más que cualquier reacción que Ilya hubiera imaginado.
—¿Querías que pasara algo?
Ilya tardó en responder.
No porque no supiera la respuesta.
Porque quería decirla correctamente.
—Hubo momentos en los que mi mente me ganó.
Shane cerró los ojos un instante.
Ilya no intentó tocarlo.
—Pero no lo hice.
Shane abrió los ojos.
—Eso me convierte en una terrible persona.
La respuesta fue inmediata.
—Y si te estoy contando todo esto es porque si decides estar conmigo, después de todo lo que te diré, no quiero decidir yo qué parte de la verdad mereces saber. Tengo que ser totalmente transparente contigo Shane. Te tengo que contar todo.
Eso hizo que Shane lo mirara.
Ilya tragó saliva.
—La cagué, Shane.
Su voz bajó.
—Verte con Rose Laundry me golpeó duro. Tocó mi ego. Pero eso no justifica todo lo que yo hice. No te di tiempo para escucharte. Para saber qué realmente pasó. Decidí actuar como un niño chiquito. Lo que hice con ese dolor fue decisión mía.
Ilya respiró.
—Puedo decir que estaba enojado. Que pensé que habías estado con ella. Que no confiabas en mí. Blah blah blah. Puedo encontrar cien razones.
Negó con la cabeza.
—Pero ninguna cambia lo que hice.
Shane permaneció callado.
Entonces Ilya habló otra vez.
—Si después de que escuches todos los detalles, esto cambia lo que quieres conmigo…
Se le quebró ligeramente la voz.
—Prefiero que cambie ahora.
Shane levantó los ojos.
—¿Qué quieres decir?
—Que no quiero recuperarte escondiendo las partes que podrían no doler.
Eso sí lo dejó sin respuesta.
Durante los siguientes minutos hablaron.
Ilya no escondió las miradas.
Ni las conversaciones.
Ni aquella cercanía que había empezado pareciendo inocente y que, poco a poco, había dejado de serlo.
Le contó lo suficiente.
Sin defenderse.
Sin culpar a João.
Sin culpar a Shane.
Tomo toda la responsabilidad completa.
Cuando terminó, Shane permaneció sentado al borde de la cama.
Ilya estaba frente a él.
Esperando.
Finalmente, Shane respiró.
—Me duele.
Ilya bajó la mirada.
—Lo sé.
—No. Déjame terminar.
Ilya calló.
Shane levantó los ojos hacia él.
—Me duele saber que sabías lo que estaba pasando y aun así dejaste que siguiera.
Pausa.
—Y probablemente voy a pensar demasiado algunos días de más.
Ilya asintió.
—Pero también sé por qué estoy aquí.
Ilya levantó lentamente la mirada.
—No crucé medio mundo porque esperaba encontrar una relación perfecta.
Shane respiró.
—Vine porque quiero estar contigo.
Ilya no se movió.
—Eso no significa que mañana todo esto haya desaparecido.
—Lo sé.
—Voy a necesitar tiempo.
—Te lo doy.
Ilya guardó silencio unos segundos.
Después se acercó apenas.
—Shane, ¿Qué puedo hacer yo para remediar las cosas entre nosotros?
Shane lo miró.
—No para arreglarlo —añadió Ilya—. Sé que no puedo hacer eso. Pero no te quiero perder.
Ilya Rozanov lloró. No se pudo contener más. No después de todo lo que ya había dicho.
—¿Qué puedo hacer para que podamos seguir adelante juntos?
Los ojos de Shane se humedecieron también ligeramente.
Lo sostuvo con la mirada durante unos segundos antes de responder.
—Déjame pensar.
Ilya esperó.
—Primero, dame tiempo.
Pausa.
—Ten paciencia conmigo mientras pongo toda esta mierda en orden aquí dentro.
Se señaló la cabeza.
—Puede que haya días en que vuelva a pensarlo. Puede que haga preguntas. Puede en que mi actitud contigo sea diferente.
Ilya asintió.
—Te entiendo. Te daré todo el tiempo que necesites.
Shane respiró hondo.
—Y segundo…
Se quedó pensando.
—Confianza.
Ilya frunció ligeramente el ceño.
—¿Confianza?
—Sí.
Shane bajó la mirada un instante.
—Yo tengo que volver a confiar en ti sin imaginar cosas que no han pasado. Y tú tienes que confiar lo suficiente en mí para hablarme antes de hacer algo como la última vez.
Ilya permaneció quieto.
—No vuelvas a castigarme desapareciendo.
—No lo haré.
—No intentes hacerme sentir lo que tú estás sintiendo.
Ilya tragó saliva.
—No.
Shane volvió a mirarlo.
—Y con João…
Ilya esperó.
—No voy a pedirte que desaparezca de tu vida. Porque seguirán jugando en el mismo equipo.
Eso lo sorprendió.
—Shane…
—Te importa. Lo sé.
Una pausa.
—Y él va a seguir cerca de ti. No puedo controlar lo que siente por ti. Tampoco quiero hacerlo.
Los ojos de Shane permanecieron humedecidos y clavados en los suyos.
—Pero tú sí puedes decidir qué haces con eso.
Silencio.
—Eso es lo único que te voy a pedir. No le des ni una sola oportunidad para que algún día pueda tomar ventaja. Ni una sola. Por favor.
Ilya extendió lentamente la mano.
Shane la miró.
Después la tomó.
—Te lo prometo.
Entrelazó sus dedos con los suyos.
—Nada de esto va a volver a pasar.
Shane apretó su mano.
—Yo también tengo cosas que hacer mejor.
Ilya negó ligeramente.
—Nueve años Shane. Nueve años. Ahora después de todo esto, sé mejor quién eres y lo que estas dispuesto a hacer por mí.
Aquello consiguió una sonrisa mínima de Shane.
—Qué raro escucharte decir eso.
Ilya soltó aire por la nariz.
—No arruines el momento.
La sonrisa permaneció apenas unos segundos.
Después volvió el silencio.
Pero ya no era el mismo.
No estaba todo resuelto.
No estaban donde habían estado antes.
Quizá nunca volverían exactamente ahí.
Pero seguían sentados juntos.
Seguían tomados de la mano.
Y, por ahora, eso bastaba.
Permanecieron en ese lugar por varios minutos. Ilya acariciaba una vez los dedos de Shane con el pulgar y entonces, finalemente los soltó.
—Voy a bañarme.
Shane asintió.
—Está bien.
Ilya se levantó.
Antes de entrar al baño, volteó hacia él.
Por un instante pareció querer decir algo más. Pero no lo hizo.
Cerró la puerta.
El agua llevaba varios minutos corriendo.
Ilya permaneció debajo de ella, con los ojos cerrados.
No sabía exactamente cómo sentirse.
Aliviado no era la palabra.
Tampoco tranquilo.
Había dicho la verdad.
Toda la que importaba.
Y Shane seguía ahí.
Decidió no abandonarlo.
Y eso era suficiente.
Escuchó cerrar la puerta del baño.
Abrió los ojos.
Shane estaba ahí.
Ilya se quedó inmóvil.
No lo esperaba.
Mucho menos después de la conversación que acababan de tener.
Shane entró en la ducha.
Despacio.
Ninguno habló.
Ilya lo observó, buscando en su rostro alguna respuesta que no se atrevía a pedir.
Shane simplemente extendió la mano.
Ilya la tomó.
Durante unos segundos permanecieron así.
Ambos quedaron debajo, soltando una respiración casi al mismo tiempo.
No se separaron.
El agua corriendo entre ellos.
Shane fue el primero en moverse. Tomó el jabón. Lo miró un segundo… y luego a Ilya. Y sin decir nada, lo apoyó sobre su piel. Lento. Desde el pecho hacia abajo. Con una presión suave… pero firme. Ilya no reaccionó de inmediato. Solo lo observó. Sus ojos bajando… siguiendo el recorrido de la mano de Shane. La espuma empezó a formarse poco a poco. Blanca. Deslizándose. Shane continuó. Subiendo de nuevo. Cambiando de dirección. Más lento ahora. Más consciente.
Ilya tragó saliva. No dijo nada. Pero su expresión cambió. Un leve rubor. Una respiración más pesada. Sus manos se quedaron quietas… sin saber si intervenir o simplemente dejarse llevar.
Todavía con demasiado que procesar.
Todavía heridos.
Pero juntos.
Shane apoyó la frente contra la suya.
Ilya cerró los ojos.
No necesitaban fingir que todo estaba arreglado.
Shane todavía necesitaba tiempo.
Ilya tendría que aprender a dárselo.
Pero en aquel momento. Shane necesitaba a Ilya. Así a como Ilya necesitaba a Shane.
Esta vez, cuando Shane lo besó, Ilya no intentó adelantarse a lo que significaba. Solo respondió. Y dejaron que el resto llegara por sí solo.
Shane levantó la mirada. Se encontraron. Ahí. A centímetros. Sin palabras. Solo esa tensión… nueva. Distinta.
El gesto se invirtió sin necesidad de acordarlo. Ilya tomó nuevamente el jabón. Lo deslizó sobre Shane, pero no con la misma torpeza inicial. Ahora había intención. Más cuidado. Más pausa. Sus dedos rozando la piel con algo más que simple rutina.
El agua ya estaba caliente. El vapor envolvía todo. El espacio se redujo. Se volvió más cerrado. Más íntimo.
El shampoo vino después. Shane tomó la botella, la abrió y vertió un poco en su mano. Ilya inclinó la cabeza apenas. Shane comenzó a masajear. Lento. Con los dedos hundiéndose entre su cabello. Ilya cerró los ojos un segundo. Exhaló.
Luego fue al revés. Ilya hizo lo mismo. Las manos encontrándose entre espuma. Deslizándose. Sin apuro. Como si el tiempo realmente se hubiera detenido ahí dentro.
Cuando salieron, el aire frío los golpeó de inmediato. Un contraste que los hizo reaccionar. Toallas. Movimientos más tranquilos. Respiraciones acomodándose. Shane se secaba el cabello cuando recordó.
—Espera…
Ilya lo miró.
—¿Qué?
Shane buscó entre sus cosas hasta encontrar el paquete.
—Hayden me dio esto… —lo levantó—
me dijo que lo abriéramos cuando estuviéramos solos. Ilya frunció ligeramente el ceño.
—Eso suena mal.
—Lo sé —respondió Shane—
estaba comportándose extraño cuando me lo dio.
Lo abrieron.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Shane soltó una risa seca.
—No me jodas…
Ilya se acercó. Miró. Y soltó una carcajada baja.
—Claro… tenía que ser Hayden.
Dentro había un par de suspensorios (jockstrap).
Shane negó con la cabeza, incrédulo.
—Voy a matarlo.
Ilya, todavía sonriendo, tomó uno con los dedos.
—¿Qué? —dijo—
están… interesantes.
—No me lo voy a poner —respondió Shane de inmediato.
Ilya lo miró, ladeando la cabeza.
—Shane…
Se acercó un poco más.
—Por favor… no hagas que te ruegue.
Shane soltó aire, tratando de no reír.
—Esto es ridículo.
Ilya alzó una ceja.
—Será divertido.
Pausa.
—Vamos.
Shane lo miró unos segundos. Evaluando. Negando con la cabeza… pero ya cediendo.
—Si esto termina mal… es tu culpa.
Ilya sonrió.
—Siempre es mi culpa.
De un momento a otro, ambos ya lo tenían puesto. Sin anunciar nada más, Ilya empujó a Shane suavemente sobre la cama. Shane soltó una risa nerviosa, todavía adaptándose a la sensación… el aire frío del cuarto recorriendo su piel expuesta, haciéndolo consciente de cada centímetro de su cuerpo.
—Esto es… raro —murmuró.
Ilya lo miró desde arriba, con una sonrisa que no era del todo inocente.
—No parece que te esté molestando.
Y no lo estaba. No realmente.
Ilya se inclinó hacia él. Los primeros besos fueron suaves. Lentos. Como si estuvieran reconectando. Pero duró poco. El ritmo cambió. El aire se volvió más denso. El corazón de Shane empezó a latir más rápido… y el de Ilya no se quedaba atrás. Ilya recorrió su cuerpo sin prisa, deteniéndose, explorando, como si quisiera memorizarlo otra vez. Había algo distinto. No era la primera vez. Pero se sentía… diferente. Más intenso. Más descontrolado.
Shane cerró los ojos un segundo. Se dejó llevar. Sintiendo. Presente. Completo. Protegido. Querido. Como si en ese momento… no hiciera falta nada más.
En algún punto, Ilya se separó apenas.
—Espera —murmuró.
Se levantó para buscar un preservativo. Shane lo siguió con la mirada. Y fue ahí… que lo vio. De espaldas. La forma de su cuerpo. La seguridad con la que se movía. Y algo en él… cambió. Se incorporó apenas, apoyándose sobre los codos. Cuando Ilya regresó, Shane habló primero.
—Se me antojó algo.
Ilya frunció ligeramente el ceño, sorprendido.
—¿Ah, sí?
Se acercó de nuevo.
—¿Qué cosa?
Shane lo miró directo.
—No te quites el suspensorio… —dijo más bajo—
Déjame a mí ahora. Ilya lo observó unos segundos. Analizando.
—Shane… —medio sonrió—
sé directo.
Shane negó con la cabeza, acercándose.
—Confía en mí.
Ilya no respondió.
Pero no se apartó.
Eso ya era una respuesta.
Shane lo giró con suavidad, sosteniéndolo por la cintura. El contacto cambió. Más lento. Más intencional. Sus manos se deslizaron primero, reconociendo, midiendo, sin prisa… como si quisiera entender cada reacción antes de avanzar. Ilya tensó ligeramente el cuerpo al inicio. No por rechazo. Por lo inesperado.
—Shane… —murmuró, en voz baja—
¿qué estás haciendo?
Shane no respondió de inmediato. Solo acercó más su rostro, dejando que el contacto fuera gradual… contenido. Nada brusco. Nada invasivo. Solo… exploración.
El primer roce fue suficiente para cambiar el aire.
Ilya exhaló, más fuerte esta vez, sus manos apretando ligeramente las sábanas.
No era algo que hubiera anticipado.
Pero tampoco lo detuvo.
Shane mantuvo el ritmo suave.
Sin forzar.
Sin cruzar ningún límite.
Como si supiera exactamente hasta dónde llegar… y quedarse ahí.
La lengua de Shane se movía con una urgencia contenida, como si estuviera descubriendo algo nuevo y no quisiera detenerse.
—Shane… —repitió Ilya, ahora con la voz más tensa—
espera…
Shane se detuvo al instante.
—¿Paramos?
Ilya negó apenas. Respiración irregular.
—No…
Pausa.
—Sigue… así.
Y ahí fue donde Ilya dejó de cuestionarlo. Porque entendió. No se trataba de control. Se trataba de confianza. Entrega. Un terreno nuevo… que ambos estaban descubriendo al mismo tiempo.
Shane nunca había escuchado a Ilya gemir. Fue algo diferente. Fue algo intenso. Fue algo que no había vivido antes. Un sonido que estremecía sus oídos.
En ese preciso momento solo quería una sola cosa.
No parar.
No detenerse.
No dejar de escuchar.
Shane no pudo contenerse más y sin tocarse, la explosión vino sin avisar.
Más adelante, Ilya volvió hacia él, acercándose otra vez, tomando su rostro entre las manos. Lo miró fijo.
—No me das descanso…
Shane sonrió, apenas.
—¿Te estas quejando?
Ilya negó, rozando su frente con la de él.
—Para nada.
El resto ya no fue prisa. Fue ritmo. Fue conexión. Fue ellos. Y cuando finalmente se quedaron quietos, respirando, todavía cerca… Ilya pasó su mano por el rostro de Shane, más suave ahora.
—Tenemos que irnos mañana…
Shane lo miró.
—Lo sé.
Pausa.
—Pero no ahora.
Ilya asintió.
—No ahora.
Y se quedaron ahí. Sin moverse. Sin hablar. Como si el mundo pudiera esperar un poco más.
A la mañana siguiente en Canadá, la tormenta ya había pasado. Las pistas estaban despejadas otra vez. Los vuelos retomaban su curso por completo. Los entrenamientos volvían a la agenda. La pausa… había terminado. Allá, todo los estaba esperando.
Aquí, en Río, el clima seguía siendo perfecto. Cálido. Ligero. Como si el tiempo no tuviera prisa por avanzar. Pero la realidad sí. Regresar ya no era una opción lejana. Era lo que seguía.
Volverían en el jet privado. Solo hubo que avisar a la empresa… que habría un pasajero de más.
Desde muy temprano, el ritmo fue distinto. Más claro. Más consciente. Ilya salió temprano del hotel para cerrar los últimos compromisos con la empresa patrocinadora. João también estaba ahí. Reuniones rápidas, despedidas cordiales, promesas de volver. Todo en orden. Pero su mente… ya no estaba del todo ahí.
Cuando terminaron, João salió primero del estudio a buscar su carro. En cuestión de minutos ya listo esperando a Ilya. João ya estaba acomodado, gafas oscuras, una mano sobre el volante, como si nada.
—¿Listo? —preguntó.
Ilya asintió… pero no arrancó de inmediato.
Se quedó mirando al frente un segundo.
—Oye…
João giró apenas la cabeza.
—¿Hmm?
Ilya exhaló por la nariz.
—No hemos hablado sobre todo lo que pasó aquella noche…
Silencio breve.
João no respondió de inmediato. Solo lo miró… y una sonrisa lenta se le empezó a formar.
—…¿en serio olvidaste lo que pasó?
Ilya hizo una mueca.
—No del todo. —se pasó una mano por el cabello—
Pero… digamos que hay partes en blanco.
Pausa.
—Ayúdame a reconstruir el desastre.
João soltó una risa baja, negando con la cabeza mientras arrancaba el carro.
—Wow… —miró al frente—
Pensé que los rusos tomaban más.
Ilya bufó.
—Cállate.
João continuó, divertido:
—No, en serio. Yo iba bien… tranquilo… y de la nada empiezas con cara de “esto se acabó”.
Ilya cerró los ojos un segundo.
—No me digas…
—Sí te digo. —rio—
Te llevé al baño… y en el camino me tiraste la bebida encima. Ilya giró la cabeza lentamente hacia él.
—¿Qué?
João levantó una mano, señalándose el torso.
—Completo.
Por eso terminé durmiendo sin ropa. Ilya se quedó viéndolo un segundo… y luego soltó una risa corta, incrédula.
—Joder…
João negó con la cabeza, todavía sonriendo.
—Pero tranquilo… —añadió, bajando un poco el tono—
Cuando salí del baño ya estabas dormido en mi cama, me imagino que no pudiste caminar hasta tu habitación. Te quedaste dormido en segundos.
Pausa.
—Yo solo… me quedé ahí.
Ilya lo observó de reojo. No incómodo… pero sí atento. João captó la mirada. Y sin perder la calma, añadió:
—Ya te dije. No pasó nada entre nosotros.
El carro avanzaba suave por la calle. Ilya asintió apenas, mirando de nuevo al frente.
—…bien.
João lo miró un segundo más.
—Aunque —dijo, con una leve sonrisa de lado—
sí hablas mucho cuando estás borracho.
Ilya giró la cabeza de golpe.
—No.
—Sí.
—No.
João soltó una risa.
—Sí.
Pausa.
—Pero tranquilo… sé guardar secretos.
Ilya entrecerró los ojos.
—Más te vale.
João solo sonrió… y siguió manejando.
Más adelante. El hotel fue una parada breve. Shane ya estaba listo esperando en el lobby cuando llegaron. Y esta vez… sin tensión. Solo una calma rara. Como la que aparece cuando sabes que algo bueno… está por terminar. Las maletas descansaban junto al sofá. Al verlos, guardó el teléfono y se puso de pie.
—Por fin.
Ilya sonrió.
—También me alegra verte.
João miró las maletas. Después a Shane.
Algo pareció cruzarle por la cabeza.
—Rozanov, ¿me haces un favor?
Ilya levantó una ceja.
—¿Qué necesitas?
—Dejé mi billetera en el carro. Quiero dejarle algo de propina al personal del hotel.
Shane frunció el ceño.
—Ya dejé propina.
—Quiero dejar un poco más.
Ilya miró a João.
João sostuvo su mirada.
Un segundo.
Dos.
Ilya entendió.
—Okay. Ya regreso.
—Está en la guantera.
João le entregó las llaves.
—Gracias.
Ilya caminó hacia los elevadores.
João esperó hasta que las puertas se cerraron.
Shane soltó una pequeña risa.
—Qué excusa más absurda.
João sonrió, incómodo.
—Necesitaba un minuto contigo.
—Pero hablamos anoche.
—Lo sé.
La sonrisa desapareció.
—Es que no fui completamente honesto contigo.
Shane lo observó.
—No te conté todo lo que ha pasado entre Ilya y yo.
—No te preocupes.
João se detuvo.
—Ya lo sé.
Silencio.
—¿Qué?
—Ilya me contó todo.
Por primera vez, João pareció genuinamente incómodo.
—¿Todo?
Shane hizo una mueca.
—Más de lo que quería saber.
João bajó la mirada.
—Mira —continuó Shane—, no quiero hacer esto más grande de lo que ya fue. Así que voy a preguntarte tres cosas.
João levantó los ojos.
—¿Lo besaste?
—No.
—¿Tuviste sexo con él?
—No.
Una pausa.
—¿Cruzaron alguna línea que no puedas mirar atrás y decirme, honestamente, que se detuvieron?
João sostuvo su mirada.
—No.
Shane asintió.
—Entonces es suficiente para mí.
João pareció sorprendido.
—¿Eso es todo?
—Sí.
Shane se encogió ligeramente de hombros.
—El resto prefiero no saberlo. Ya tengo suficiente imaginación.
Una pequeña sonrisa apareció en João.
Desapareció rápido.
—Shane, yo quería pedirte perdón por—
—Tranquilo.
João calló.
Shane respiró.
—Ilya te estima mucho. Te considera su amigo. Y no quiere perder eso.
João bajó ligeramente la mirada.
—Y yo estoy con él —continuó Shane—. Así que tú y yo vamos a tener que estar bien.
João lo miró, confundido.
—¿Estar bien?
—No estoy diciendo que tú y yo vayamos a convertirnos en mejores amigos.
João soltó una pequeña risa.
—Gracias a Dios.
—Exactamente.
Shane sonrió.
—Solo digo que vamos a coexistir. Por él.
João asintió lentamente.
—Puedo hacer eso.
—Bien.
João respiró.
—Pero igual necesito decir que lo siento por—
Ding.
Las puertas del elevador se abrieron.
Los dos voltearon.
Ilya apareció con la billetera en una mano y las llaves en la otra.
Miró a Shane.
Luego a João.
Sus ojos se entrecerraron ligeramente.
João tomó la billetera.
—Muchas gracias.
Ilya no se la soltó inmediatamente.
—¿Todo bien?
João miró a Shane.
Shane lo miró a él.
—Todo bien —respondió João.
Ilya tomó una de las maletas.
—Supongo que algún día me enteraré.
El carro arrancó. Y esta vez… el silencio no duró. La radio se encendió casi por inercia. Unos segundos de estática. Y luego—
🎶 “All the things she said… all the things she said…” 🎶
João sonrió de inmediato.
—No puede ser… ¿Se la saben?
Ilya soltó una risa sarcástica.
—No me jodas.
Shane los miró—
—Diablos.
Y en cuestión de segundos… los tres estaban cantando. Sin vergüenza. Sin filtro. Con el pulmón abierto.
—🎶 Running through my head, running through my head… 🎶
João golpeaba el volante con ritmo. Ilya exageraba cada palabra, teatral. Shane… trataba de mantenerse serio. Falló a los diez segundos.
—🎶 This is not enough… 🎶
Los tres reventaron en risa entre versos, sin dejar de cantar. Por unos minutos… no había despedida. No había Canadá. No había nada pendiente. Solo ellos tres… en un carro… cantando como si no existiera mañana.
La casa de João volvió a imponerse en silencio. Elegante. Amplia. Impecable. Shane bajó del carro y volvió a mirar alrededor, como si esta vez sí lo estuviera procesando.
—…wow.
Ilya ni se molestó en mirar.
—Sí.
A él no le falta nada. Dentro, la casa estaba viva. Y no tardó en confirmarse.
—¡João!
La abuela apareció desde el fondo, con esa presencia suave pero firme. Se acercó con una sonrisa genuina.
—Vinieron tus amigos…
Los miró con cariño.
—Me alegra tanto que vengan a visitar a mi niño hasta Brasil.
Tomó el rostro de João.
—Él tiene un gran corazón… es una gran persona.
Pausa.
—Y no le digas a tu hermana… pero eres mi favorito.
João soltó una risa suave.
—Abuela…
Luego miró a Shane.
—Voy a mandar a preparar tu habitación, querido.
Shane asintió, respetuoso.
—Muchas gracias, de verdad.
La abuela le sonrió… y se retiró.
Apenas se alejó, Ilya se inclinó hacia Shane, muy cerca de su oído.
—No te preocupes… a medianoche me cruzo a tu cuarto.
Shane giró hacia él, conteniendo la risa.
—Cálmate… estamos en casa ajena.
Ilya ni se inmutó.
—A mí no me importa.
Shane soltó una risa baja, negando con la cabeza.
—Idiota.
La tarde pasó sin prisa. Comida. Conversaciones ligeras. Un descanso real. Hasta que—
—Chicos.
João apareció en la puerta.
—Alístense.
Se cruzó de brazos.
—Hoy es su despedida.
Ilya levantó una ceja.
—¿Otra fiesta?
Aquí como que nadie trabaja. João sonrió.
—Confía en mí.
Señaló hacia el pasillo.
—Ropa cómoda… y no se olviden de sus chinelas.
Shane levantó una sandalia.
—No te preocupes… ya parezco local.
João cerró la puerta de su habitación y se dejó caer contra ella, respirando hondo. Se pasó una mano por el rostro.
—No estoy bien… —murmuró—
pero ya entendí.
Hizo una pausa.
—Vamos… sé fuerte.
Mientras tanto, el cuarto recién arreglado estaba en silencio, pero no era incómodo. Era ese tipo de silencio… que ya se siente compartido. Shane estaba revisando su maleta abierta sobre la cama, sacando una camiseta, volviéndola a meter, sin decidirse realmente. Ilya lo observaba desde el otro lado, apoyado contra la pared, con los brazos cruzados.
—Idiota… —dijo Shane al final, sin mirarlo todavía— tengo una idea.
Ilya alzó apenas una ceja.
—Eso nunca termina bien.
Shane soltó una pequeña risa nasal.
—Puede sonar estúpido… —hizo una pausa— bueno, probablemente sí es estúpido.
Ahí sí lo miró.
—¿Podríamos… intercambiar ropa?
Ilya se quedó quieto.
—¿Qué?
Shane se encogió de hombros, pero no rompió la mirada.
—Tu ropa… la mía.
Solo por esta noche.
Ilya entrecerró los ojos, analizándolo.
—¿Por qué?
Shane dudó un segundo. Pero no se echó para atrás.
—Porque… —respiró— quiero que se sienta como… algo nuestro.
Una pausa.
Más suave:
—Como un recordatorio de que… yo soy tuyo… y tú eres mío. El silencio cambió. Ilya se separó de la pared. Caminó hacia él, lento. Sin prisa. Sin romperle la mirada. Se detuvo justo enfrente. Cerca. Demasiado cerca. Lo tomó por la cintura, acercándolo un poco más, lo suficiente para que el aire entre ellos desapareciera. No lo besó. Solo lo miró. Esa mirada suya… peligrosa. Con intención. Con doble sentido. Se inclinó apenas hacia su oído.
—Con una condición.
Shane cerró los ojos un segundo, sonriendo.
—No jodas… —murmuró— siempre contigo hay un truco.
Lo miró de nuevo.
—Además… ya sé qué me vas a pedir.
Ilya no respondió de inmediato. Solo sostuvo la mirada.
—Entonces… —dijo al final—
¿hay trato o no hay trato?
Shane no se movió. No soltó su cintura. Se quedaron así. Cerca. Pegados. Sosteniéndose sin apurarse.
—Ni un día me das descanso… —murmuró Shane.
Ilya sonrió apenas, sin vergüenza.
—Pasé muchos días sin acción.
Pausa.
—Hay que ponernos al corriente.
Shane negó con la cabeza, pero ya estaba sonriendo.
—Idiota.
Ilya no respondió. Solo cerró la distancia. Y esta vez, sí lo besó.
Antes de salir, João les entregó máscaras. Distintas. Elegantes. Y algunos accesorios.
—Por si quieren pasar desapercibidos.
El carro avanzaba entre las calles de Río. Esa noche, simplemente habían preferido que alguien más los llevara. Los tres iban atrás. Shane en medio. Ilya junto a una ventana. João junto a la otra.
Afuera, la ciudad parecía negarse a aceptar que el Carnaval había terminado. Todavía había gente frente a los bares, música escapándose de algunas terrazas, parejas bailando en las aceras. Un grupo cruzó la calle cargando plumas y todavía cubierto de brillantina.
Shane los siguió con la mirada.
—¿Esta gente no trabaja?
João giró hacia él.
—¿Qué?
—En serio. Desde que llegué veo gente bailando, tomando, cantando… ¿cuándo trabajan?
João sonrió.
—Bienvenido a Brasil.
—No, pero es que no lo entiendo. Todos parecen felices.
Señaló hacia la ventana.
—Es como si nacieran con un brazalete que dijera: «Sin preocupaciones de por vida».
João rio.
—No. Tenemos problemas como todo el mundo.
—No parece.
—Es Brasil. Podemos tener problemas y bailar al mismo tiempo.
Ilya soltó una risa.
—Eso explica muchas cosas.
Shane volvió hacia João.
—Entonces, ¿qué carajo haces en Canadá? ¿Congelándote?
Ilya inmediatamente empezó a reír.
—¡Exactamente! Yo le pregunté lo mismo.
Shane lo miró.
—No me jodas.
—Sí.
João negó con la cabeza.
—Ustedes hablan demasiado.
—No —dijo Shane—. Estoy intentando entender por qué alguien cambiaría esto por Ottawa.
João miró hacia afuera.
—Hockey.
—Respuesta incorrecta.
—Dinero.
—Mejor.
—Y porque quería demostrar que podía hacerlo.
Shane asintió.
—Bueno. Esa sí te la acepto.
João sonrió.
Después lo miró con cierta malicia.
—Aunque… ¿no se supone que Ilya ya te había contado todo?
Shane se quedó quieto.
Ilya giró lentamente hacia ellos.
—Oh.
Shane miró a João.
—¿Todo qué?
—No sé. Dijiste que te había contado todo.
—Bueno…
Shane lanzó una mirada lateral hacia Ilya.
—Me imagino que todavía le faltan algunos detalles.
Los ojos de Ilya se iluminaron.
—¿Detalles?
Shane inmediatamente levantó un dedo.
—No.
—Me encanta dar detalles.
—Ilya.
João empezó a reír.
Ilya se inclinó ligeramente hacia adelante.
—João, déjame contarte—
Shane le puso una mano sobre la boca.
—Ni se te ocurra.
Ilya intentó hablar detrás de su mano.
—Mmmff…
—Rozanov, te lo advierto.
Ilya apartó finalmente la mano de Shane.
—¿Qué? Solo iba a contarle—
—Cuenta algo y yo le cuento lo del regalo de Hayden.
Silencio.
Ilya se quedó completamente inmóvil.
João dejó de reír.
Miró a Shane.
Luego a Ilya.
—¿Qué regalo de Hayden?
Ilya volvió lentamente el rostro hacia la ventana.
Pausa.
—Hoy no está tan caliente.
João parpadeó.
—¿Qué?
Ilya observó la calle con repentino interés.
—Creo que está más fresco que ayer.
Shane se tapó la boca para no reírse.
João lo señaló.
—No. Espera. ¿Qué regalo?
—Nada —respondió Shane.
—Claramente no es nada.
—No es importante.
João miró a Ilya.
—Rozanov.
Nada.
—¿Qué te regaló Hayden?
Ilya continuó contemplando Río.
—Bonita ciudad.
Shane perdió la batalla y empezó a reírse.
—¡Shane! —protestó Ilya.
—¿Qué? Yo no he dicho nada.
João se acercó un poco hacia Shane.
—Cuéntame.
Ilya giró de golpe.
—Shane.
Esta vez fue suficiente.
Shane lo miró.
Luego miró a João.
—Creo que necesito un par de tragos antes de contar esa historia.
—¡Shane!
João soltó una carcajada.
—Ahora definitivamente quiero saber.
—No vas a saber nada —dijo Ilya.
—Ya veremos.
—No hay nada que ver.
—Eso suena exactamente a alguien que tiene algo que esconder.
Ilya volvió hacia la ventana.
—Váyanse los dos a la mierda.
Shane sonrió.
—Yo también te quiero.
Ilya intentó mantener la expresión seria.
No pudo.
João los observó un instante antes de volver la mirada hacia la calle.
—Mis amigos van a estar en la playa esta noche.
—¿Los mismos del Carnaval? —preguntó Ilya.
—Algunos. Y otros que todavía no conocen.
Shane miró nuevamente por la ventana.
—¿Y todos saben bailar así?
—Prácticamente.
—Genial.
João detectó inmediatamente el tono.
—¿Tú no sabes bailar?
—Sé moverme.
Ilya soltó una carcajada.
Shane giró hacia él.
—Cállate.
—He visto cómo te mueves.
—Precisamente por eso cállate.
João rio.
—Esta noche vas a bailar.
—No.
—Sí.
—João, soy canadiense.
—Eso no es una discapacidad.
Ilya se dobló de la risa.
—Eso estuvo bueno.
Shane miró a ambos.
—Los dos se pueden ir a la mierda.
—Además —continuó João—, nadie va a estar pendiente de cómo bailas.
—Eso lo hace peor.
—¿Por qué?
—Porque habrá más personas viendo cómo hago el ridículo.
Ilya intervino:
—Yo puedo enseñarte.
Shane giró lentamente hacia él.
—Tú eres la última persona de este carro que debería ofrecer clases de baile.
João abrió los ojos.
—Espera. ¿Rozanov no sabe bailar?
—No —respondió Shane.
—Sí sé.
—No.
—Bailé en Carnaval.
João levantó un dedo.
—Eso sí es verdad.
Ilya sonrió triunfante.
—Gracias.
João terminó:
—Pero nadie dijo que lo hicieras bien.
Shane soltó una carcajada y se inclinó hacia adelante.
Ilya miró a João, traicionado.
—Eres un imbécil.
—Solo estoy diciendo la verdad.
Shane seguía riéndose.
—Dios mío…
Ilya cruzó los brazos.
—Perfecto. Esta noche no bailo.
João negó con la cabeza.
—No, no. Esta noche bailamos todos.
La playa… Era otra historia. Música en vivo. Samba. Batucada. Gente bailando, riendo, tocándose sin miedo. No era desorden. Era… libertad.
La arena estaba aún tibia bajo los pies. La música no se escuchaba… se sentía. El ritmo de la batucada vibraba en el pecho, constante, envolvente, como un pulso colectivo que nadie cuestionaba. Shane se detuvo apenas al entrar. Miró alrededor. Luces colgantes moviéndose con el viento. Gente riendo sin reservas. Cuerpos en movimiento sin vergüenza.
—…esto es otra cosa —murmuró.
Ilya, a su lado, sonrió de lado.
—Te dije.
João ya se había adelantado unos pasos, saludando, chocando manos, abrazando gente como si todos fueran parte de él.
—¡João!
Lia apareció primero, rodeándolo con los brazos.
—¡Mira nada más a quién trajiste!
Rafael y Bruno se acercaron enseguida. Besos en la mejilla. Palmadas. Risas fáciles.
—Ellos son los canadienses —dijo João, jalándolos hacia el grupo.
—Ilya… Shane.
—Encantada —dijo Lia, abrazando a Shane sin pensarlo dos veces—
¿Primera vez en Brasil?
—Sí… —respondió él, todavía adaptándose a la cercanía.
—¿Y siguen vivos con este calor? —añadió Rafael, riéndose.
Ilya levantó su vaso.
—Apenas.
Bruno los miró con curiosidad genuina.
—¿Cuándo se van?
—Mañana.
—Ah… —Lia hizo una mueca—
Entonces hoy tienen que aprovechar.
—Créeme… lo estamos haciendo —respondió Shane.
Y por primera vez… lo decía en serio.
João desapareció un momento entre la gente y volvió con bebidas.
—Caipiriña —dijo, entregándoselas—
Confíen en mí. Shane la probó. Hizo una mueca.
—Esto pega.
Ilya soltó una risa.
—Te vas a enterar en unos minutos.
La música subió. Más fuerte. Más rápida. Y João no dudó.
—Ven —le dijo a Shane, tomándolo del brazo—
Vamos.
—No, no, no —Shane se resistió—
ni de chiste.
Pero ya era tarde. Ilya lo empujó ligeramente.
—Ve… necesito ver esto.
Shane terminó en medio de la arena, rígido. Demasiado consciente de su cuerpo. João empezó a moverse frente a él, natural, fluido.
—Sigue el ritmo.
—No hay ritmo —respondió Shane—
hay caos.
Ilya se acercó, cruzándose de brazos, disfrutando demasiado.
—Llegaste tarde a las clases de samba.
Shane lo miró, entre molesto y divertido.
—Te odio.
João negó con la cabeza.
—No, no… suelta el cuerpo.
Intentó guiarlo. Shane lo intentó. Fracasó. Ilya se rio sin contenerse.
—En Canadá nos ponemos al corriente —añadió, burlón.
Shane lo señaló.
—Ni se te ocurra.
Pero ya estaba sonriendo.
La música seguía sonando. Rafael apareció a su lado. No dijo nada al principio. Solo observó con él. Después se inclinó ligeramente hacia su oído.
—Lo estás haciendo muy bien.
João soltó una risa baja, sin apartar la mirada.
—No tienes ni puta idea de lo que estoy sintiendo por dentro.
Una pausa.
Respiró.
—Pero hoy estoy mejor que ayer.
Rafael le apretó el brazo.
—Aquí estoy contigo, hermano. Sé que vas a superarlo.
João giró hacia él.
—¿Y sabes por qué?
João levantó una ceja.
—Dime.
Rafael sonrió.
—Porque eres el puto João Costa.
João soltó aire por la nariz.
—Y tú puedes con esto.
Esta vez João no respondió.
Los ojos se le humedecieron apenas.
Negó con la cabeza, intentando disimularlo, pero Rafael ya lo había visto.
João lo abrazó.
Fuerte.
—Gracias, hermano —murmuró—. Por estar aquí conmigo.
Rafael le dio un par de golpes en la espalda.
—Nada que agradecer.
Se separó y señaló su cara.
—Ahora límpiate eso y sigamos disfrutando de la fiesta.
João rio.
Se pasó una mano por los ojos.
—Idiota.
—Pero aquí estás sonriendo.
João lo miró.
Y esta vez no pudo negarlo.
Más tarde, Ilya y Shane caminaban entre la gente. A ratos con las máscaras puestas. A ratos bajadas. Jugando con la anonimidad. Observando. Absorbiendo.
Una chica pasó bailando cerca de ellos, hermosa, segura, riéndose con alguien más. Ilya, sin querer, la siguió con la mirada apenas un segundo.
Shane no dijo nada. Solo le dio un pequeño pellizco en el brazo.
—Te estoy viendo.
Ilya giró hacia él, divertido.
—Le estoy viendo sus pulseras.
—Vete a la mierda.
Ilya sonrió.
—Me gusta que seas así.
Y se rieron juntos.
De repente se movieron hacia la orilla. El mar oscuro, tranquilo. El contraste perfecto con la fiesta detrás. El ruido bajaba… pero nunca desaparecía. Solo se volvía parte del fondo. Shane respiró hondo.
—Mira esto…
Ilya lo miró a él primero.
Luego al cielo.
—Sí… está bien.
Shane negó con la cabeza.
—No.
Se inclinó un poco hacia él.
—Está hermoso.
Ilya lo sostuvo con la mirada un segundo más de lo necesario.
Y entonces, más bajo—
—Tan hermoso como tú.
Shane no respondió de inmediato. Pero esa media sonrisa… lo dijo todo.
El primer estallido en el cielo los tomó por sorpresa. Fuegos artificiales. Colores que rompían la oscuridad. Reflejos sobre el agua. Sobre sus rostros. Sin mirarse… Sus manos se buscaron. Primero apenas rozándose. Luego, el dedo meñique. Enganchado. Discreto. Invisible para todos. Pero suficiente para ellos.
Ilya no apartaba la vista del cielo. Pero su meñique rozó lentamente el meñique de Shane. Una vez. Dos. Un gesto mínimo. Cargado de todo. Shane exhaló lento. Sin soltarse.
No todo estaba bien entre ellos. Todavía no. Había cosas que necesitaban tiempo, otras que tendrían que aprender a reparar. Pero habían prometido no volver a correr. Y, por ahora, avanzar juntos —aunque fuera despacio— era suficiente.
—Tenemos que volver…
Ilya respondió sin mirarlo.
—Lo sé.
Pausa. Pero no soltó su mano.
Se inclinó ligeramente hacia él. Lo suficiente para que nadie más escuchara.
—Tienes un problema serio.
Shane giró apenas.
—¿Cuál?
Ilya sonrió, casi imperceptible.
—No me voy a ir de tu vida fácil… créeme.
Silencio profundo.
El cielo volvió a estallar. Más fuerte. Más brillante. Shane lo miró esta vez. Directo. Claro.
—Ese problema me gusta.
Pausa.
Más bajo:
—Y no quiero que ese problema se vaya de mi vida.
Y se quedaron ahí. Conectados por ese pequeño gesto. Mirando el cielo.
Sin necesidad de decir nada más.
Ni siquiera cerca.
The New Shadow todavía tiene algunas sorpresas guardadas.
Los capítulos finales — 23 y 24 — llegan el domingo 23 de agosto.
Dos capítulos.
Un último lanzamiento.
Y el final de una historia que lo cambió todo.
Mantente atento. La sombra aún no ha desaparecido. 🖤🔥